ASUMIR LAS DIFERENCIAS EN LA ESCUELA
La Atención a la Diversidad es un
principio que debe regir toda la enseñanza básica para proporcionar a todo el
alumnado una educación adecuada a sus características y necesidades. El sistema
educativo debe procurar medidas flexibles que se adecuen a las diferencias
individuales y ritmos de maduración de cada uno de los alumnos.
La diversidad del alumnado constituye
una realidad en los centros educativos y ha de ser asumida por todo el
profesorado con criterios de normalización, atención personalizada e inclusión.
El Plan de Atención a la Diversidad que los centros elaboran recoge las medidas
organizativas ordinarias y extraordinarias para dar respuesta a las necesidades
educativas de todo el alumnado.
El Plan de Atención a la Diversidad
es el documento que recoge el conjunto de actuaciones: adaptaciones del
currículo, medidas organizativas y apoyos y refuerzos que un centro diseña,
selecciona y pone en práctica para proporcionar la respuesta más ajustada a las
necesidades educativas, generales y particulares, de todo el alumnado.
En él se deben concretar el análisis
y realidad actual del centro, la determinación de los objetivos a conseguir,
las medidas que se llevarán a cabo y los recursos tanto humanos como materiales
y didácticos que se van a utilizar de forma temporal o permanente, y el
procedimiento de seguimiento, evaluación y revisión del mismo.
El Plan de Atención a la Diversidad
formará parte de la Programación General Anual, que responderá a los principios
de igualdad, equidad y de inclusión educativa como valores fundamentales.
PERTINENCIA CULTURAL
Dado que el contenido curricular es
ajeno al conjunto de la cultura (de origen), lo que se enseña tiende a
convertirse en algo formalizado y al margen de la realidad. La falta de
relación entre la escuela y la comunidad tanto en el contenido que se transmite
como en los métodos que se usan para la transmisión se traslada lógicamente a
las aspiraciones de los estudiantes sobre su propio futuro. Las nuevas
escuelas, como los métodos tradicionales y tribales de educació, reclutan a los
nuevos miembros de la comunidad para su ingreso en un sistema cultural y para
el ejercicio de roles y status específicos. El problema que aqueja a las nuevas
escuelas es que el sistema cultural para el que se recluta a la gente todavía
no existe de forma completa. Al niño se le aparta de la rutina cotidiana de la
vida de la comunidad y de la observación de las reglas de trabajo de los
adultos. Se le coloca en un ambiente artificial, aislado, irreal y ritualizado.
Así se desarrollan aspiraciones y auto-imágenes irreales, para que la cruda
realidad irrumpa bruscamente después de la graduación" (Spindler 1993:
236-237).
La idea fundamental del modelo de la
comprensión cultural es que los estudiantes y profesores deberían ser más
sensibles/tolerantes hacia las diferencias étnicas/nacionales existentes en la
escuela, y propugnan la mejora de la comunicación entre los diferentes grupos,
por cuanto esto supondría un enriquecimiento de todos los estudiantes y/o de la
sociedad en general.
Lo fundamental para propiciar esa mejora de la
comunicación, e indirectamente del rendimiento escolar de los alumnos
pertenecientes a minorías (aunque esto último a menudo no se plantea de manera
explícita), es -por consiguiente- el cambio de las actitudes hacia "los
otros", la disminución de los prejuicios hacia ellos. Se trata de un
modelo que se presenta antes en términos programático-prescriptivos que
descriptivo-analíticos.
De hecho, ha inspirado en mayor medida
intervenciones socioeducativos (en la forma de programas dirigidos al cambio de
actitudes de los alumnos o a la formación del profesorado) que investigaciones
empíricas a través de las cuales fueran sometibles a prueba sus planteamientos
de partida.
Lo que propone esta perspectiva a nivel
de la intervención educativa es disminuir la discontinuidad entre escuela y
medio sociocultural de origen integrando la cultura de origen en el currículo
escolar; ahora bien, esa integración se refiere no a los contenidos
curriculares, sino a las estructuras de participación, estilos de aprendizaje
y/o los usos lingüísticos.
EQUIDAD DE GÉNERO
El sexo ha constituido históricamente un elemento diferenciador
en la sociedad; en la familia, en la convivencia social, en centros de
educación formal y no formal, en espacios de recreación, en actividades religiosas,
etc.
Una matriz masculinizadora ha impregnado el funcionamiento de
las instituciones, de la cual la escuela no escapa. Prácticas reproductoras de
estereotipos vinculados a los roles de lo femenino y masculino en la vida
cotidiana condicionan desde lo familiar y escolar, los valores y derechos que
rigen la vida de las niñas y los niños.
Una escuela inclusiva debe
tener entre sus objetivos principales la construcción de género, enseñando a respetar y a disfrutar de la
riqueza que ofrece la diversidad.
Hablar, hoy en día, de discriminación sexual en la escuela
parece innecesario. Sin embargo, en ella se siguen dando distintos modelos que
van desde aquellos que mantienen una actitud discriminatoria “tradicional”, que
implica tener unas actitudes y expectativas diferentes entre niños y niñas,
hasta aquellos en los que se trata de imponer y generalizar la cultura y
valores masculinos considerándolos los óptimos y universales.
Las actitudes y los comportamientos que históricamente han sido
atribuidos al género masculino son los predominantes y generales, mientras que
el universo que tradicionalmente se ha considerado propio de las mujeres es
visto como un universo particular, sin trascendencia para el conjunto de la
sociedad. En este sentido el dominio de un género por el otro constituye la
base de un orden social jerárquico, que determina las posiciones de los
individuos al margen de las capacidades específicas, y que ha sido denominado patriarcado (Subirats, 1990).
El patriarcado, como base de organización de la vida social,
subyace en las relaciones humanas de hoy en día, en nuestras sociedades, bajo
diferentes formas y en distintas parcelas, de maneras más o menos explícitas.
En este marco, el devenir histórico de las mujeres y de los
hombres, lo aprendido en la socialización de las personas pertenecientes a
ambos géneros, los valores que infunden la actuación social de los sujetos en
relación y formas de pensar y las actitudes que se adoptan ante la diferencia
de géneros, ha estado marcado por lo que denominamos sexismo.
El sexismo es el conjunto de todos y cada uno de los métodos
empleados en el seno de la estructura social patriarcal para poder mantener en
situación de inferioridad, subordinación y explotación al sexo dominado: el
femenino, representado por los roles y los estereotipos de género que, en todos
los ámbitos de la vida y las relaciones humanas, son asumidos no sólo por los
hombres, sino también en muchos casos por las mujeres, como formas de funcionar
socialmente para sobrevivir.
El dominio del sexo-género masculino sobre el femenino se
concreta en las acciones y relaciones cotidianas, pero se manifiesta como una
cultura generalizada a nivel macrosocial, presentándose como un modelo de
formas de pensar y de actuar, discriminatorio para el género femenino.
Dichos aspectos están imbricados en el quehacer cotidiano, de
manera que a veces no se trata tanto de encontrar explicitada una
discriminación a las mujeres o a un determinado
RESPETANDO LAS
DIFERENCIAS DE GÉNERO
EL ENFOQUE DE LA EDUCACIÓN INCLUSIVA
Desde esta perspectiva, no debe parecer extraño que en la
escuela o en cualquier otro centro educativo, los rasgos sexistas aparezcan en
múltiples formas de manifestación, desde el lenguaje hasta las relaciones de
autoridad, las relaciones entre iguales, en las expectativas de rendimiento o
en los resultados académicos. Desde los aspectos más ligados a lo académico
hasta los que tienen que ver con la formación moral y los esquemas de
pensamiento aprehendidos.
El androcentrismo consiste en considerar al ser humano de sexo
masculino como el centro del universo, como la medida de todas las cosas, como
el único observador válido de cuanto sucede en nuestro mundo, como el único capaz
de dictar leyes, de imponer la justicia, de gobernar el mundo.
Uno de los objetivos de la educación es enseñar a las nuevas
generaciones a adaptarse y comportarse según los valores y pautas
socioculturales existentes. Este proceso empieza en la familia y continúa en
las escuelas.
La Familia: este es el primer lugar
donde se perpetúan los roles que la sociedad ha establecido para hombres y
mujeres.
Numerosos estudios nos
demuestran las diferentes actitudes, comportamientos, etc. que tienen los
padres y madres con sus hijos o hijas según su sexo. A las niñas se les
potencia la sensibilidad, el miedo, la obediencia, la dependencia, la
afectividad. A los niños la agresividad, la competitividad, la independencia.
La educación comienza desde que nacemos y está marcada por la
forma en que nos relacionamos, nos comunicamos y los modelos que nos presentan
en todos los ámbitos. El primero y determinante es la familia, en donde
comenzamos a marcar las diferencias de roles según el sexo.
Desde la más temprana edad los juguetes que prefieren los niños
son más bruscos, con mayor contacto físico, con menos contacto verbal. Los de
las niñas están más centrados en reglas y sugerencias y con mayor contacto
verbal. Estas diferencias no se explican con argumentos biológicos sino por
influjos culturales, educativos, convencionalismos, clichés que reflejan los
medios de comunicación, libros de texto. Sutilezas que generan el territorio del
inconsciente.
Los juguetes son otra forma más de imponer y perpetuar la desigualdad
en el reparto de funciones según el sexo.
La Escuela: aquí se sigue perpetrando la
educación segregada, esto es, diferenciando lo que es apropiado para las niñas
y lo que es propio para los niños. Se invisibiliza lo femenino y se potencia
una sola forma de entender la vida, la del género masculino. Esta circunstancia
se hace palpable cuando se conduce a las niñas a adoptar actitudes agresivas y
competitivas, sin valorar comportamientos cooperativos (considerados femeninos)
y olvidando el componente emocional de la educación.
De esta situación también son víctimas los varones que deben
ajustar sus expectativas y actitudes a lo que socialmente se espera de ellos,
amputando muchas veces las tendencias personales y de carácter, educándose en
la insensibilidad masculina, reprimiendo los afectos y los sentimientos.
El resultado final es que nos invade una obsesión por el
trabajo, la despreocupación por las relaciones humanas y familiares, la lucha
por los primeros puestos, el temor por la expresión de los afectos. Aspectos
contra los que se debería estar luchando en la enseñanza primaria y secundaria
para avanzar hacia el desarrollo de una educación más humanizada y de respeto
por las diferencias.
Los educadores y educadoras no se comportan igual con niños y
niñas. Desde la infancia ellos y ellas también han recibido mensajes sexistas
en todos los ámbitos de a vida, y por tanto, transmiten inconscientemente lo
que han aprendido.
Los juicios de valor y el discurso del profesorado están
mediatizados por los estereotipos tradicionales; suelen ser propensos a
detectar aquello que están esperando encontrar: tienden a creer que las niñas
son más constantes y menos intuitivas que los niños, más ordenadas, más
trabajadoras, más responsables, más maduras, menos dotadas para las supuestas
disciplinas científicas y técnicas, y más interesadas por la literatura o la enseñanza
doméstica. Y en consecuencia actúan de forma diferente: las niñas, por lo general,
reciben menos atención que los niños, sobre todo en las aulas de manualidades, ciencias
naturales y matemáticas.
Además hay una contribución indirecta del profesorado en la
perpetuación del sexismo en los centros docentes. La mayor presencia masculina
en los órganos de poder es un claro mensaje sexista para los alumnos y las
alumnas.
En la universidad, las niñas que obtienen mejores resultados en
primaria y secundaria se ven relegadas a estudios de peor categoría y peor
futuro profesional, perpetuándose la desigualdad.
El Lenguaje Oral Y
Escrito: La lingüística,
desde los años 60, estudia el habla como actos sociales que construyen y reflejan
las diferencias de poder y estatus entre hablantes porque “ponen a cada uno en su
sitio”. La lengua es un instrumento para crear, reproducir o subvertir las relaciones
de poder.
En las sociedades patriarcales, las lenguas presentan una
marcada óptica masculina, androcentrista, que supone que la medida de todas las
cosas se toma de los varones y acarrea una infravaloración y hasta una
ocultación de lo femenino.
Reproducimos la lengua como nos la han enseñado, suponiendo que
quien produce y recibe el discurso es un hombre y que este sujeto representa
también a una mujer.
EL ENFOQUE DE LA EDUCACIÓN INCLUSIVA
Mujer Y Ciencia
Aunque la incorporación de la mujer a la universidad ha
aumentado hasta alcanzar una participación superior a la de los hombres, esto
no ha conseguido evitar la asignación tradicional de los roles hombre / mujer
en cuanto a la elección de carrera o especialidades elegidas, sino que se ha
amoldado a las imágenes y prejuicios existentes, y sólo ha supuesto un cambio
significativo en determinadas especialidades.
Las consecuencias de todo esto son:
• Las especialidades tradicionalmente femeninas posibilitan el
acceso a empleos peor pagados y de menor prestigio social.
• Las ciencias y la tecnología forman parte de la cultura, por
lo que su exclusión supone la pérdida de un componente importante de su
formación.
• La carencia de educación científica impide la comprensión
crítica de la utilización que se está haciendo de la ciencia y la tecnología y
las implicaciones sociales que ello lleva consigo.
La “coeducación” una nueva forma de entender la educación de niños
y niñas, es un concepto que se utiliza en
contraposición al concepto de enseñanza mixta. Es un proceso intencionado de
intervención a través del cual se potencia el desarrollo de niños y niñas,
partiendo de la realidad de dos sexos diferentes hacia un desarrollo personal y
una construcción social comunes y no enfrentados.
ü Supone la coexistencia de actitudes y valores que
tradicionalmente se asignan a hombres y mujeres, para que puedan ser asumidos y
aceptados por personas de cualquier sexo
ü Quiere una educación integradora del mundo y de las experiencias
de las mujeres.
ü Cuestiona las formas de conocimiento dominantes.
ü Implica a toda la comunidad escolar: madres, padres,
profesorado, niños y niñas, personal no docente.
“Se entiende por coeducación el proceso educativo que
favorece el desarrollo integral de las personas, con independencia del sexo al
que pertenezcan. En consecuencia, entendemos por escuela coeducativa aquella en
la que se corrigen y se eliminan todo tipo de desigualdades o de mecanismos
discriminatorios por razón de sexo y en la que los alumnos y las alumnas pueden
desarrollar libremente su personalidad en un clima de igualdad real y sin
ningún tipo de condicionantes o limitaciones impuestas en función de su sexo.”
(Fernando G. Lucini; “Temas transversales y educación en valores” ALAUDA).
“Coeducar es enseñar a respetar
lo diferente y a disfrutar de la riqueza que ofrece la variedad.” (Monserrat
Moreno “Cómo se enseña a ser niña: el sexismo en la escuela” ICARIA; Barcelona,
1993).
BIBLIOGRAFÍA
ü Beas
Miranda, Miguel 1997 "Los moriscos:
ejemplo histórico de exclusión de la diversidad cultural en los currículos
escolares", en Javier García Castaño y Antolín Granados, Educación
¿integración o exclusión de la diversidad cultural? Granada, Laboratorio de
Estudios Interculturales.
ü Díaz-Aguado,
María José (y Ana Baraja) 1993 Interacción
educativa y desventaja sociocultural: un modelo de intervención para favorecer
la adaptación escolar en contextos inter-étnicos. Madrid, CIDE.
ü Paradise,
Ruth 1991 "El conocimiento cultural
en el aula: niños indígenas y su orientación hacia la observación”, Infancia y
Aprendizaje, 55.
ü http://www.ugr.es/~pwlac/G22_27MariaIsabel_Jociles_Rubio.html
(Diferencias culturales en la educación. Apuntes para la investigación y la intervención).publicado
en 2006/2008
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